Rompamos el Silencio 2006: Ante el comienzo de la Semana de Lucha Social

Día a día, colándose en nuestra rutina, las noticias nos van narrando diferentes desgracias locales y globales con las que hemos aprendido a convivir. Se nos presentan como elementos surgidos de manera aleatoria, desconectados: la precariedad, la vivienda, la represión, las mujeres maltratadas, la guerra, la pobreza, la marginación, el estrés, las vacas locas, las migraciones, la anorexia, el cambio climático... parecen piezas sueltas sin relación alguna, problemas graves que surgen y que nosotr@s, gentes de la calle, no sabemos como afrontar. Los partidos políticos de todos los colores nos ofrecen sus magníficas soluciones, rojo, azul, blanco o verde, se van intercambiando, pero las noticias no cambian. ¿Qué es lo que pasa? ¿Probamos, tal vez con otro partido? ¿Realmente no podemos hacer otra cosa?

Parecemos insignificantes... entonces, ¿qué hacer? ¿En verdad somos tan poco importantes? Pues nosotr@s decimos que no, que no somos nada insignificantes, de hecho, cada un@ de nosotr@s somos piezas necesarias para que toda la maquinaria mundial de la globalización económica funcione y nosotr@s tenemos, por lo tanto, la posibilidad de cambiarlo todo. Pero vayamos poco a poco, hemos hablado de globalización. ¿Qué es la globalización? Sencillamente una etapa más del capitalismo. ¿Y eso qué es? Bueno, empecemos por el principio, aunque sea bastante complejo para expresarlo en un texto breve. Pero aún a riesgo de simplificar...

A lo largo de la historia se han venido sucediendo muchos sistemas de dominación. El patriarcado, que significa “gobierno de los padres” pero que ha ido evolucionando como término para definir, en general, las sociedades basadas en el dominio y la imposición masculina, es el más extendido. Esta dominación de unos sobre otr@s, dio lugar a civilizaciones que construyeron sociedades jerárquicas e imperios. Sociedades con opresores y oprimid@s.

El capitalismo es otro paso más dentro de los sistemas de dominación. Durante los más de 200 años que lleva instaurado hemos conocido diversas formas de expresión de éste: aquél en que l@s obrer@s vivían con la más absoluta carestía o aquél donde la esclavización se produce a través de las necesidades de consumo; desde el capitalismo de la fábrica al capitalismo globalizado, capitalismo bajo dictadores fascistas o bajo gobiernos socialdemócratas. Esta diversidad de formas de expresión han conseguido que el sistema haya sido capaz de autoperpetuarse, sobreviviendo a las crisis que ha generado, amoldándose a los malestares sociales que surgen de su propia existencia, enseñándonos siempre la cara bonita, manipulándonos para hacernos creer que las soluciones vienen por el mismo camino por el que vinieron los problemas.

Basado en la única premisa de la obtención del máximo beneficio, ha logrado inculcar en nosotr@s una serie de valores que consiguen que veamos la devastación, la pobreza y la miseria como algo natural, ha conseguido que veamos la vida como una competición a muerte entre todos los seres humanos. Así, buscando el máximo beneficio, bajo su dominio, para que la economía vaya bien, el trabajo tiene que flexibilizarse, se explota a l@s inmigrantes, más baratos y con menos derechos o se fomenta un modelo agrario insostenible que contamina, agota los recursos y produce comida insípida. Y la economía así crece, gracias al máximo beneficio: si el capital tiene que producir capital, pues se invierte, por ejemplo en vivienda, que sube mucho y produce dinero rápido, ¿que l@s jóvenes se quedan sin vivienda? bueno, siempre les quedan las drogas, un buen par de zapatillas y un móvil con cámara. A consumir, que eso es bueno y ya se encargará la publicidad de hacerles libres...¿libres? sí, libres para competir y el que pierda en la competición, la que no alcance la suficiente tasa de beneficio, pues nada, caída libre hacia la marginación social. Esa es la libertad que promete el capitalismo: libertad para comprar si trabajamos mucho, de ahí lo de liberal: el trabajo y el dinero os hará libres... ¿dónde ponía eso? Ah, sí, en Auschwitz.

¿Y la globalización? Bueno, pues no es más que todo esto a escala global. Sólo que se complica un poco. Pero con el mismo principio: máximo beneficio. Aprovechando las enormes diferencias de pobreza mundiales que se han ido generando durante los siglos a base de explotaciones coloniales, se pueden llevar empresas a países empobrecidos donde la gente trabaja muy barato y sin apenas derechos, extraer sus recursos sin pagar su precio, venderles nuestros productos agrícolas subvencionados y así arruinar a l@s campesin@s locales, fomentando la explotación y la guerra, así damos salida a las armas que fabricamos. Y con todo esto, como además tienen una alta deuda externa con Occidente, pues tienen que pagar enormes insumos de dinero, y así no hay quien salga de la pobreza, ni quien exija derechos, ni quien pretenda conservar sus recursos naturales. Bueno, así tenemos quien mantenga nuestras sociedades de consumo. ¿Y por qué no se rebelan? Lo hacen, pero los ejércitos los masacran. ¿Y por qué no huyen? Lo hacen, pero les cerramos las puertas de las sociedades opulentas con vallas afiladas. O se les deja entrar, a escondidas, si no mueren por el camino, pero que no exijan, que se dejen explotar tranquilamente.

Y así se conecta todo, para que todo el sistema funcione, cada uno tiene su parte. En otros países las personas son explotadas para producir barato, aquí somos precarizad@s para consumir, se nos generan necesidades para vender nuestra vida a ellas y financiar así un mundo cada vez más militarizado. Esto no se puede hacer de forma mecánica, no lo aceptaríamos tan fácilmente, es necesario todo un aparato ideológico: ese que día a día a través de la prensa y de la publicidad nos transmite miedo a lo diferente, que nos habla de la seguridad frente al terror para justificar que se nos controle, que nos habla de las maravillas del consumo, que es capaz de absorber todo movimiento crítico e incorporarla a su discurso. Así no es raro oír hablar de objetivos del milenio a aquell@s que defienden a ultranza a multinacionales frente a indígenas; oír hablar de desarrollo sostenible a quienes promueven el aumento del uso del petróleo, oír hablar de libertad y democracia a quienes envían los órganos represivos contra toda voz disidente; oír hablar de solidaridad a quienes ansían ser potencia mundial; oír hablar de paz a quienes aumentan los gastos militares; oír hablar de libertad de expresión a quienes están controlados por el beneficio de empresas públicas y privadas; oír hablar de la importancia de la cultura a quienes impiden que sea libre y universal u oír hablar de acabar con la “violencia de género ” a la vez que la publicidad y las formas de relación social reproducen el ideal machista de la sociedad de consumo. Todo un cúmulo de retórica hipócrita.

Así se perpetúa, a través de sus múltiples mutaciones, de sus diferentes formas de expresión, el capitalismo, haciéndonos creer que le necesitamos para conseguir trabajo, comida, refugio, ocio, etc. Pero la verdad es que es él quien nos necesita a nosotr@s. Podemos vivir sin capitalismo pero el capitalismo no puede susbistir sin nosotr@s. Podemos intentar satisfacer nuestras necesidades sin caer en la opresión, en la tiranía de la precariedad, en la explotación de otros lugares, en la devastación ecológica. Podemos imaginarnos espacios de encuentro y de intervención política que cuestionen la lógica del sistema. Por eso nos hemos reunido colectivos de todo tipo, antimilitaristas, feministas, ecologistas, colectivos de barrio, colectivos en solidaridad con otros pueblos, colectivos antifascistas, centros sociales autogestionados, cooperativas agroecológicas, medios de contrainformación... Gente que trabajamos cada día en el barrio, de forma sectorial, para construir realidades diferentes, desde lo personal e impulsadas por las motivaciones de cada un@. Gente que queremos romper esa cotidianidad de noticias macabras, porque lo que se convierte en cotidiano puede hacerse invisible. Rompamos el Silencio es nuestra forma de hacerlo visible. Con los recursos de los que habitualmente carecemos (como el número de gente), y con la unión -que obviamente hace la fuerza- logramos que se vea el trabajo de todos los días, con el objetivo de que se tome conciencia de que somos sujetos activos capaces de transformar la realidad. Nuestras propuestas no caben en ninguna urna porque son expresión de libertad y justicia social, son propuestas que no pueden ser confinadas en jaulas de cristal; por eso no nos conformamos con esta democracia que no nos deja más que depositar votos vacíos cada 4 años para que nada cambie. Creemos que la historia no ha acabado y podemos reinventarla, hacernos sujetos activos para dar paso a nuevas formas de organización; formas basadas en la cooperación, en la horizontalidad, en la libertad y en la solidaridad. Es posible y luchamos por ello. Porque la pasividad es una forma de perpetuar el statu quo actual. Nosotr@s hemos elegido la acción directa no violenta como estrategia de lucha. La desobediencia para denunciar que las normas vigentes son injustas y perpetúan la injusticia. Hay muchas formas de ejercerla: la objeción fiscal, la okupación, el bloqueo, la ruptura de la normalidad. No es fácil, estamos frente a un sistema que día a día nos hace sentir más pequeñ@s, meros engranajes de la máquina. Ésta no se resiente si salta una pieza. Pero si salta otra, y luego otra y otra y otra... así sí se para la máquina.

Por eso salimos esta semana tod@s junt@s a la calle. Salimos con el convencimento de demostrar que no lo tienen todo controlado, que el poder no es absoluto, que lo que está arriba no lo ha estado siempre, que lo que está abajo no lo estará para siempre. Salimos a las calles convencidos de poder romper el silencio una vez más.

Asamblea “Rompamos el Silencio”.

Semana de Lucha Social 2006.