Centro de Medios de la Semana de Lucha Social - Rompamos el Silencio 2007

"Charla desobediencia: De las cárceles a las multas"

Sábado 7 de julio de 2007, por Rompamos el Silencio


El Eje de Antimilitarismo y Desobediencia convoca hoy a las 11;00 horas un debate titulado "Desobediencia: de las cárceles a las multras", en el que intervendrán compañer@s de:

* Mulheres Trasgrediendo, de Galiza

* Bidea Helburu, de Euskadi

* Movimiento Objeción de Conciencia (M.O.C) y Asamblea Antimilitarista de Madrid.

Breve crónica del debate:

La charla organizada esta mañana por el Eje de Antimilitarismo y Desobediencia se tituló “Desobediencia: de la cárcel a las multas”. El acto fue presentado por Perico Oliver, activista antimilitarista desde la época de la campaña de desobediencia civil, conocida como insumisión. Perico realizó tres planteamientos en su introducción: en primer lugar, los equívocos que suele haber en torno a la desobediencia civil, sobre todo después de las movilizaciones “antiglobalización” y de propuestas como las que los Desobedientes italianos han catalogado como desobediencia civil: acciones de confrontación con la policía (con protecciones y escudos), alejadas totalmente de las inercias de la “guerrilla urbana”, a nivel tanto táctico como estético. Recordemos que tradicionalmente se ha entendido la desobediencia civil como acción pública, colectiva, y que aprovecha la represión como eco amplificador del mensaje que se quiere comunicar.

En segundo lugar, se plantearon los equívocos también en torno a la objeción de conciencia y el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia). Un movimiento que se postuló como de “objeción de conciencia” -cuando en realidad su mayor logro fue que la práctica de la desobediencia civil transcendiera el campo de la ética y de la moral-, y los grupos que impulsaron la campaña de insumisión se configuraron como movimiento político, y no derivaran en un “sindicato de objetores de conciencia” -para gestionar un creciente rechazo al servicio militar obligatorio por vías únicamente institucionales-. Para finalizar, habló de la desobediencia en tiempos de la “buro-represión”, en los que el Estado desactiva a los movimientos sociales de una manera “administrativa”, a base de multas e inhabilitaciones de todo tipo, no a base de a represión de corte “clásico”: violentas intervenciones policiales y aplicación del código penal pertinente.

A continuación, hablaron Mulheres Transgredindo, grupo feminista de acción directa de Santiago de Compostela, vinculadas al centro social “A Casa Encantada”. Un grupo muy heterogéneo, que intenta superar las distintas visiones que hay en torno al feminismo -de hecho, hay mujeres en el grupo que no se declaran “feministas”, aunque su práctica cotidiana lo sea- y que intenta aglutinar a mujeres con aproximaciones al activismo de lo más variado. En sus prácticas constatan que no tienen un discurso elaborado, aunque sí una ideología clara: no buscan un “feminismo” ni una práctica política coherente y perfecta, sino un punto de encuentro en torno al feminismo y otros temas. Intentan es sus acciones “okupar las retinas”, utilizar siempre un lenguaje comprensible y que las acciones hablen por sí solas: cuando se pusieron a tejer delante de una tienda de Inditex (en Galiza hay infinidad de talleres ilegales que trabajan para esa empresa), las mujeres que pasaron al lado de ellas comprendieron enseguida el mensaje a transmitir, sin necesidad de panfletos ni megáfonos.

Las integrantes de Mulheres Transgredindo desglosaron un recordatorio parcialmente crítico con la campaña de insumisión: según comentan, estaban los insumisos, los “héroes”, “mártires”, represaliados, que tenían su estrategia propia; y por otro lado las mujeres, que no podían participar de ciertas decisiones, y que supuso una frustración grande: “Lo vuestro, después”. Mulheres Transgredindo nunca dan charlas en el formato a las que han sido invitadas en el ReS: son construcciones poco naturales; en lo cotidiano las mujeres se interrumpen cuando hablan, y no consideran eso como una falta de respeto, es simplemente comunicación. Acuden a lugares donde pueda haber formas interesantes de intercambiar experiencias.

El último grupo en intervenir fue Bidea Helburu, un grupo formado por personas provenientes del antimilitarismo, el ecologismo, la desobediencia civil en clave soberanista, movimiento por la resolución del conflicto vasco por vías pacíficas. Desde su experiencia organizando las jornadas de No-Violencia Activa en Donostia (que llevan realizando desde el 2001) resumieron lo expuesto en un taller sobre desobediencia civil del que surgió un balance de los últimos 10 años en Euskal Herria. En el año 96, en plena época del alza de la insumisión, se procedió al corte de los cables por parte de los solidarios con Itoitz, lo que parecía augurar un momento de lucha en clave de desobediencia civil y no-violencia activa en EH. Desde ABK y otro grupos se procedió a intentar esta vía en la resolución del conflicto nacional/identitario y se promovió una campaña dirigida a un amplio sector de renuncia al carné de identidad español. Otros dos grupos, Zuzen y Demo, prosiguieron ese camino. Zuzen -mediante acciones espectaculares (Giraldilla, encaramarse a muros de prisiones, representaciones de accidentes de familiares de presos,...), en las que ponían en el tapete el tema de la autodeterminación y la repatriación de presos vascos. Y Demo en Iparralde (País vasco-francés), realizando acciones como la “liberación” de las sillas vascas en el parlamento de Pau o las Mariannes de los ayuntamientos. Pero acabo centrándose en la lucha contra la SNCF (ferrocarriles), exigiendo el bilingüismo en esta empresa pública.

Tres prácticas distintas. La campaña del carné no logró su ambicioso proyecto (¿objetivo demasiado ambicioso?) y permaneció impune a la represión, en principio, para luego englobar a algunos miembros en el 18/98. Zuzen logró acciones espectaculares pero no pudo dar una continuidad estratégica a la lucha y acabaron muy tocados por la represión. En el caso de Demo, sorprendieron vivamente al Estado Francés, que ejerció una represión contraproducente en el plano mediático (por ejemplo, expulsando con gases del juzgado a toda la sala por protestar cuando a los ciudadanos vascos “españoles” se les dejababa declarar en euskara, no así a los vascos “franceses”). Consiguieron una gran movilización social (300 personas jugando al mus obstruyendo las vías del tren, cifra impensable para el contexto de Iparralde) y la represión se convirtió más selectiva (multas, inhabilitaciones en el sector público). Además, la SNCF no dio su brazo a torcer negando una victoria clara en el objetivo marcado. Pero la semilla de la desobediencia ha dado sus frutos en Iparralde, en esos y otros ámbitos.

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