Centro de Medios de la Semana de Lucha Social - Rompamos el Silencio 2007

Comunicado del Eje Mundo Explota ante la acción de esta tarde

Sábado 7 de julio de 2007, por Rompamos el Silencio


Las semillas para los museos, el entierro de la semilla

¿Que nos lleva hasta un museo, al museo Antropológico, que habla de sociedades extinguidas, devastadas por la colonización de antiguas potencias imperiales? La respuesta es sencilla: aportar al museo más elementos que ponen de manifiesto la desaparición de sociedades, la pérdida de su cultura material, su historia y su autonomía en algo tan básico como es la producción de comida.

Traemos nuevas piezas de museo. Después de haber llenado salas y salas de aperos, trajes típicos, huesos de seres extintos, objetos de culto y de prestigio, objetos de uso cotidiano y demás bienes que han dejado de estar presentes entre nosotr@s, venimos a depositar en vitrinas las semillas de las plantas que comemos, antes de que desaparezcan definitivamente. Podemos hacerlo porque todavía quedan algunas.

Dentro de la Semana de Lucha Social, Rompamos el Silencio, gente de la calle, de a pie, nos hemos unido para denunciar la desaparición de miles de variedades de hortalizas, granos, legumbres y demás cultivos. Desaparición que el capitalismo de última generación está provocando desde el control monopolista de las semillas en la era de la biotecnología genética y las leyes de patentes. Nos unimos también para gritar contra la miseria que estos hechos esparcen en forma de comida basura, explotación campesina o jornalera, empobrecimiento del suelo, desaparición de animales, plantas, paisajes y saberes, contaminación, muerte, enfermedad y otros horrores en un planeta de campesin@s como éste.

Una vez más nos encontramos ante un hecho de violencia silenciada. El deseo de unas cuantas multinacionales productoras de semillas maneja todo el sistema productor de alimentos y aliena las libertades de los consumidores y los agricultores. Sus semillas de plantas híbridas, estandarizadas según las exigencias del mercado, que potencia valores como un aspecto fotogénico, resistencia a la pudrición y abaratamiento del proceso productivo, son más dependientes de los agroquímicos, que ellos mismos fabrican, ya que no existe un suelo, un clima y una biodiversidad estándares que acompañen al cultivo.

Las semillas autóctonas, por el contrario, se enfrentan a las plagas, se adaptan a la mineralización y el pH del suelo, a los factores meteorológicos gracias al manejo agrícola y la experiencia de generaciones de campesin@s.

Así, las semillas patrimonio de la humanidad por haber sido seleccionadas, intercambiadas, multiplicadas durante generaciones, están siendo robadas por las empresas del sector, que se han apropiado de ellas con fines meramente comerciales. Bajo el amparo de las patentes, se dedican a cobrar por algo que hasta el presente había sido gratis y circulaba en libertad.

Con la colaboración de los gobiernos y sus legislaciones agrarias, empresas como Monsanto, AstraZeneca, DuPont, Novartis y Aventis, Syngenta, Pioneer, Nickerson y Limagraisn, Sakata, Takii, Salvia o KWS, controlan el 80% del mercado mundial de pesticidas, el 60% del mercado de semillas comunes y el 100% del mercado de semillas transgénicas.

Venimos a este museo a traer variedades de trigo y acelga de nuestro pueblo porque pronto serán piezas de museo, a no ser que interesen a alguna transnacional biotecnológica. En este caso ya no nos pertenecerán.

Pero no venimos aquí para dar por muertas a las semillas. Si las leyes y las empresas entierran las semillas locales bajo toneladas de papeles, registros, formularios, convenios y certificados, para dar paso a su sórdido negocio, nosotr@s, que si guardamos las semillas, las vamos a enterrar bajo tierra, que es donde deben estar, para dar paso a la vida, a nuestra comida, a las cosechas futuras y a la libertad.

Llora con nosotr@s por el destino de las semillas si esto no cambia y se también feliz porque con su entierro se mantienen vivas y se rompe el silencio. Entierra la semillas y vuélvela a enterrar. Lágrimas y cánticos las harán crecer, no os preocupéis por el abono, lo pondrán los perros de Madrid.

Y al enterrar las semillas vuelven siempre a nacer.

Ya lo hemos visto. Hemos recorrido la lógica, la dependencia y la uniformidad. Lógica contraria a la forma en la que se desarrolla la vida. Comienza por aquellos que se otorgan el derecho a apropiarse de lo que es de tod@s y que hemos creado en siglos de intercambio y relación con el medio en el que nos ha tocado vivir. Es habitual en nuestro tiempo hacer negocio con los bienes colectivos. Es la misma lógica del “derecho a la propiedad” que ahora ha empezado a robarnos la cultura, una lechuga, o el color de una planta de cualquier selva tropical. Se llaman: Monsanto, DuPont, Syngenta, Batlle, etc.

Y continúa con aquellos que en nombre de tod@s y del bien común una y otra vez protegen los intereses privados de unos pocos a través de las leyes, acuerdos comerciales, o directamente usando la violencia. Son los diferentes gobiernos del Estado Español, la Unión Europea o la OMC.

Vivimos y sufrimos las “contradicciones” de este proceso, enfrentados a las consecuencias del “mito del progreso”, y atados por la razón del beneficio de unos pocos. Mientras ellos dicen que pueden generar riquezas y alimentos para todos, la industrialización del campo deja pobreza. Pobreza en el suelo y nuestro medio contaminado. Pobreza, la misma de siempre, en el campesinado. Y pobreza en nuestras semillas, en nuestra diversidad, y en nuestra comida.

Como muestra de esta contradicción ahora les ha surgido a ellos el problema de la biodiversidad. Las empresas que imponen sus semillas, que patentan la naturaleza, y que ofrecen como salvación su biotecnología, necesitan de esa biodiversidad para sus beneficios. Y los estados y los expertos responden con l ahabitual “lógica” de nuestra realidad: guardemos la naturaleza en grandes bancos genéticos. Primero guardaran elementos asilados y luego querrán guardar el medio y las relaciones en las que se desarrollaba. Sus bancos serán tan grandes como la miseria de la mayoría. Hacer un planeta en paralelo, donde no existamos los destructivos pueblos, parece ser el único horizonte que son capaces de imaginar.

Nosotr@s creemos que se equivocan. Nuestro destino, como el de la naturaleza y el de la propia vida, no tiene por que ser pobre y uniforme. Podemos relacionarnos con nuestro medio buscando equilibrios, generando nuevas formas de vida y de relación, variadas y ricas. En muchos lugares, comunidades, colectivos, redes, individuos y pueblos se enfrentan con su actividad a la miseria que nos imponen.

Las semillas son para nosotr@s una base fundamenta en todo esto. Necesitamos intercambiar, rescatar lo que sabíamos, resembrar, buscar, crear nuestras variedades, etc. Nuestra consciencia es reciente pero somos much@s y variad@s los grupos de aquí (Hortiga, Acequia, Surco a Surco, muchos BAHs, red de semilla estatal “resembrando e intercambiando”, sindicatos despiertos, etc.) y de todas partes (Kokopeli, decenas de redes europeas, Via Campesina, MST y cientos de comunidades campesinas,...) que practicamos nuestro legítimo y soberano derecho a guardar y sembrar las semillas que son de todas.

Cada metro de tierra guarda miles de semillas latentes y a la espera que, como las rebeldías a nuestras consciencias, al enterrarlas siempre vuelven a nacer.

Eje El mundo Explota!!!



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