Rompamos el Silencio.
Madrid. Del 17 al 20 de Mayo de 2010.
Sigue las semana de lucha social 2010 en:
Centro de medios (centrodemedios.org)

Eje de: eje de justicia climática y ecofemenismo

Históricamente el mundo ha sido conceptualizado en binarismos enfrentados, por un lado estaban la naturaleza y la cultura y por otra el trabajo reproductivo o de cuidados y el trabajo productivo. Las mujeres en las sociedades patriarcales han sido artificialmente asimiladas a la naturaleza y se les ha adjudicado el trabajo reproductivo y de cuidado de la sociedad, mientras que a los varones se les otorgaba el trabajo productivo y publico. En un mundo capitalista y patriarcal, aquello que no tiene un valor monetario en el mercado, es invisible y no se valora, siendo entonces el trabajo de cuidados que han venido realizando las mujeres (crianza, higiene, alimentación, atención a l@s enferm@s, etc.) asi como el suministro de recursos de la naturaleza (agua, alimentos, cobijo, etc.) denostado, infravalorado y explotado, a pesar de que estas labores sostienen, en la invisibilidad, el funcionamiento de cualquier sociedad. De esta manera mediante la alianza capitalista patriarcal se ha favorecido el funcionamiento productivo insostenible por encima del reproductivo y de mantenimiento de la vida. Este reparto de los recursos y de los trabajos es por tanto, producto de un sistema de pensamiento y de organización social que llamamos patriarcado y que sigue muy vigente dando lugar a múltiples problemas ambientales y sociales.


Tomemos por ejemplo el cambio climático. El aumento de temperaturas, junto con el deshielo de glaciares, aumento del nivel del mar e intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos producirán cambios en los ciclos naturales y los ecosistemas que sustentan y son necesarios para la vida, afectando principalmente a las poblaciones más empobrecidas, que no han sido precisamente quienes han generado el problema.


Una mirada feminista al cambio climático nos enseña que, debido a las inequidades de género, las mujeres se verán especialmente perjudicadas por realizar las tareas relacionadas con los cuidados: serán ellas las que asuman el peso de la subsistencia de sus familias, que dependen directamente del medio ambiente. Sin embargo, el cambio climático ha sido generado principalmente por hombres, puesto que son los varones los que tradicionalmente han ostentado el poder, los que han tomado las principales decisiones económicas y los que ocupan las actividades que día a día generan más gases de efecto invernadero. De nuevo, las que más sufren el problema no son precisamente quienes lo han generado.


El cambio climático no es más que una consecuencia del modelo de producción y consumo capitalista que prima los beneficios a corto plazo y la lógica de la acumulación y crecimiento ilimitado, que no tiene en cuenta ni la justicia social ni los límites ambientales del Planeta. Pero también es consecuencia de un modelo patriarcal que no valora ni reparte el trabajo de cuidados, precisamente el que posibilita que la vida continúe. Por todo esto, si queremos un mundo justo, frente a las políticas neoliberales de crecimiento perpetuo basadas en la lógica del patriarcado y su obsesión por el mercado como única realidad, tendríamos (los países enriquecidos) que ir hacia el decrecimiento: menos consumo, más cuidados, menos horas de trabajo productivo, mayor reparto del mismo. En definitiva mayor justicia para el consumo equitativo de recursos a nivel mundial y valores cercanos al feminismo y al ecologismo, o si juntamos los dos, al ecofeminismo.


La incapacidad de los gobiernos por cambiar el actual modelo, se demuestra tanto por el patético papel desarrollado por la Unión Europea y el resto de países enriquecidos en la fracasada cumbre del clima de Copenhague, cómo en el uso que hicieron de la violencia para reprimir e intentar silenciar a las miles personas que reclamaban lo que es evidente: el cambio climático sólo se puede solucionar mediante cambios estructurales del modelo vigente de producción y consumo.


Es la hora de la justicia climática, lo que implica que los países y sociedades que se han enriquecido a costa de producir el cambio climático, asuman sus responsabilidades históricas y abandonen su modelo capitalista de desarrollo. Y también es la hora de la equidad entre hombres y mujeres, por lo que los varones tienen/tenemos que asumir nuestras responsabilidades históricas y corresponsabilizarses del cuidado de la vida  y desprendernos de muchos prejuicios sexistas.  Por ello, participamos en la Semana de Lucha Social en el eje de Justicia Climática y ecofeminismo,, teniendo presente las luchas de las mujeres contra la opresión patriarcal, las luchas de los pueblos por defender su medio ambiente, la solidaridad con lxs afectadxs por el cambio climático, la denuncia de la manipulación de la ciencia del clima por parte de la multinacionales petroleras y algunos medios de comunicación  y la firmeza en la defensa de la libertad de expresión y manifestación.


Rompamos el Silencio es una iniciativa que surge desde los movimientos sociales con el objetivo de visibilizar las luchas, que aunque conectadas, se trabajan de forma cotidiana y muchas veces separadas entre los distintos colectivos. La unión de los MMSS durante la llamada “Semana de lucha social”, además de mostrar la conexión entre las distintas “luchas” y el intercambio y enriquecimiento entre ellas (y las personas que las mantienen) en un mismo espacio físico-temporal, permite la unión de las fuerzas necesarias para romper el cerco mediático y urbano que las invisibilizan. Un cerco mediático del que son responsables los medios de comunicación, y tras los que se esconden los intereses políticos-económicos dominantes. Y una ciudad (anía) que da la espalda a las injusticias sociales, ambientales y de género, y cuyo interés aparente es la monotonía, la sumisión a las desigualdades y la ausencia de distorsiones sociales.

 El RES no es nada nuevo: sus orígenes se remontan a 1998 y desde entonces han habido varias ediciones con interrupciones entre medias. Cada edición ha sido diferente, han cambiado los colectivos que le daban forma, y también las temáticas trabajadas.

Lo que permanece común en el RES son dos cosas inherentes a su propio funcionamiento. Por un lado su carácter horizontal y descentralizado, siendo la Asamblea General la instancia de deliberación y decisión por excelencia, y los ejes temáticos la estructura de funcionamiento. Y por otro, el empleo de la Acción Directa No Violenta como método de incisión sobre el silencio mediático-urbano dominante.

EJE DE ECOFEMINISMO Y JUSTICIA CLIMATICA

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