Rompamos el Silencio.
Madrid. Del 17 al 20 de Mayo de 2010.
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Preámbulo

Santiago Alba Rico

Miércoles 12 de mayo de 2010

"La gran aventura del espíritu": la UE y la muerte

El petroleo está en el Golfo Pérsico y en Venezuela. El hierro en Australia, Rusia, China e India. El gas en Rusia y Argelia. El coltán en el Congo. El carbón bituminoso y la antracita en China, EEUU, India, Suráfrica, Indonesia. La plata en Perú. El cobre en Chile. El oro en Sudáfrica, en Zimbabwe y en la India. Los fosfatos en Sáhara Occidental, en China, en EEUU, en Túnez. ¿Qué tiene Europa? Lo más importante: el ingenio, el conocimiento, la ambición, la visión, la “gran aventura del espíritu” de la que hablaba Frantz Fanon en 1961.

Pero, ¿de dónde sale todo eso? ¿De dónde se extraen tantas maravillas intelectuales?

Las clases medias de los países pobres siguen fascinadas por esa gran aventura europea y quieren aprender.

- Queremos también lo que vosotros tenéis: vuestra riqueza, vuestros mercados, vuestra moral superior, vuestra democracia.

- Todo eso sólo puede existir -y cuán necesario es que exista- a condición de que no se generalice.

- ¿Y por qué vosotros? ¿Por qué no tenemos también nosotros el mismo derecho?

- Porque nosotros nos lo hemos ganado. Porque nosotros hemos robado más y durante más tiempo, hemos matado más y durante más tiempo, hemos sometido a más pueblos y durante más tiempo. Eso es lo que tenéis que aprender de nosotros. Ese es el único camino.

Ese es el camino, decía Fanon en la conclusión a Los condenados de la tierra, que no se debe recorrer de nuevo: “Dejemos a esa Europa que no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que lo asesina dondequiera que lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo”. Y añadía: “Hace siglos que Europa ha detenido el progreso de los demás hombres y los ha sometido a sus designios y a su gloria; hace siglos que en nombre de una pretendida aventura espiritual ahoga a casi toda la humanidad”.

Fanon escribía esto en pleno proceso de descolonización, cuando los pueblos sometidos del llamado Tercer Mundo trataban de sacudirse el yugo imperialista. Pero esa “aventura espiritual”, derrotada militarmente en la batalla anti-colonial, cristalizó enseguida en un formato menos explícitamente belicoso; se materializó en la UE, proyecto de inspiración estadounidense, proyecto también de “pacificación” de la violencia destructiva del viejo continente, que sin embargo acabó por recoger, prolongar y renovar el empuje avasallador, ahora bajo otras formas, del imperialismo clásico europeo. Europa, es verdad, tenía también otra historia -de Espartaco a la Comuna de París, de Sócrates a Zola, de los rebeldes de Münster a los internacionalistas de la guerra en España, de Bartolomé de Las casas a la primavera de Praga- pero fue la “gran aventura espiritual” de Colón y Cromer, de la Compañía de Indias y las Encomiendas, de Rhodes y Weyler y Bugeaud y Rothschild y Ferdinand de Lesseps (y un largo etcétera de militares y millonarios) la que, en sucesivos pasos, de 1951 a 2002, terminó por apoderarse de su política económica y exterior. Esa Europa solidaria y socialista que el antifascista Spinelli adelantaba en 1941 -desde una cárcel fascista- en su Manifiesto de Ventotene se asemeja más en 2010 a una recidiva Santa Alianza, una unión elitista y cupular orientada a reprimir la disensión interna y conjurar, mediante bancos y ejércitos, las amenazas externas.

Hoy, cuando sobre algunos de los países de UE se cierne de nuevo la sombra del Tercer Mundo, cuando el número de europeos que se benefician de la “gran aventura espiritual” empieza a encoger vertiginosamente, cuando la descomposición y la violencia amenazan con volver dentro de nuestras fronteras, conviene saber a quién debemos “nuestra riqueza, nuestros mercados, nuestra moral superior y nuestra democracia” y a quién se la hemos hecho pagar, y se la seguimos haciendo pagar, en otros lugares del mundo. El coste es alto, como lo demuestra este dossier de Rompamos el silencio, y lleva también, sobre todo en Latinoamérica, nombres españoles: Aguas de Barcelona, Pescanova, Telefónica, Banco de Santander, BBVA, Unión Fenosa, Iberdrola, Repsol, Endesa.

Mientras se celebra en Madrid la cumbre UE-Latinoamérica, y aprovechando la presidencia española de la UE, es fundamental recordar una vez más por qué la “riqueza” europea es incompatible con la riqueza en general, por qué los “mercados” europeos son incompatibles con los pueblos del mundo, por qué nuestra “moral superior” europea es completamente inmoral y por que, en fin, nuestra “democracia” europea es cada vez más difícil de conciliar no sólo con la participación, la igualdad, la solidaridad y la justicia: también sencillamente con la vida. La UE financia la muerte y la destrucción en distintos rincones del mundo. Sólo impidiendo esta danza siniestra podremos protegernos también a nosotros mismos y rescatar esa otra historia de Europa, silenciada, reprimida, enterrada en las cunetas, que, lejos de las “grandes aventuras del espíritu”, trata aún de construir, a ras de suelo, una auténtica comunidad de pueblos.

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